Nos conocimos en un evento de speed dating, lo cual, viéndolo en retrospectiva, tiene bastante sentido para nosotros. Antes de que empezara oficialmente el evento, Jonathan se unió a una conversación entre Vanessa y su amigo Eddie y mencionó casualmente que diseña vasos para fiestas como trabajo.
Unos minutos después, cuando llegó el turno de Jonathan de sentarse con Vanessa, ella abrió la conversación diciendo: “Espera, déjame adivinar a qué te dedicas… tienes cara de alguien que diseña vasos para fiestas.” El hecho de que hubiera recordado un detalle tan aleatorio —y que además lo convirtiera en un chiste— le llamó mucho la atención a Jonathan. Esa noche hicieron match, el organizador les compartió su información de contacto y todo avanzó bastante rápido desde ahí.
Desde entonces, hemos pasado por un comienzo bastante movido: una primera cita en la que Vanessa llegó una hora tarde (gracias a una emergencia de vestuario y a un malentendido sobre qué tan “en la ciudad” vivía realmente Jonathan), un año de relación a distancia, el regreso de Vanessa a Chicago y, eventualmente, mudarnos juntos.
En muchos sentidos, somos personas muy diferentes. Vanessa creció como una niña bastante libre en Chicago: siempre rodeada de amigos, buscando aventuras y diciendo que sí a cualquier plan divertido. Jonathan, en cambio, era más tranquilo y reservado creciendo en los suburbios de Cleveland. Aun así, siempre hemos coincidido en las cosas más importantes. Los dos abrazamos un poco el caos, nos impulsamos mutuamente a crecer y tratamos de ser una mejor pareja el uno para el otro todos los días.
Con el tiempo, hemos construido una vida que se siente muy “nosotros”: viajar juntos, hacer rompecabezas, hacer manualidades y bordar lado a lado en el sillón, y formar parte de las tradiciones familiares del otro. Jonathan empezó a aprender español para poder conectar mejor con los papás de Vanessa y con la familia que queremos formar en el futuro. Vanessa se ha unido a las celebraciones navideñas de la familia de Jonathan, hizo tamales para Thanksgiving y ahora está aprendiendo junto con su papá las técnicas necesarias para continuar esas tradiciones en nuestras futuras cenas familiares.
Lo que empezó como un chiste en un speed dating terminó convirtiéndose en la relación más natural y fácil que cualquiera de los dos pudo haber imaginado.
We met at a speed dating event, which honestly makes a lot of sense for us in retrospect. Before things officially started, Jonathan joined Vanessa and her friend Eddie in conversation and casually mentioned that he designs party cups for a living.
A few minutes later, when it was Jonathan’s turn to sit down, Vanessa opened with: “Wait, let me guess what you do for work—you strike me as someone who designs party cups for a living.” The fact that she remembered such a random detail—and immediately turned it into a joke—made an impression. We matched that night, the host sent over our contact information, and things moved pretty quickly from there.
Since then, we’ve made it through a first date where Vanessa arrived an hour late (thanks to a fashion emergency and a misunderstanding about how “in the city” Jonathan actually lived), a year of long distance, Vanessa moving back to Chicago, and eventually moving in together.
In a lot of ways, we’re very different people. Vanessa grew up as more of a free-range kid in Chicago—always surrounded by friends, finding adventures, and saying yes to whatever sounded fun. Jonathan was more of a quiet kid growing up in the Cleveland suburbs. Somehow, though, we’ve always lined up on the things that matter most. We both embrace a little chaos, push each other to grow, and try to show up for each other a little better every day.
Over time, we’ve built a life that feels very “us”: traveling together, working on puzzles, crafting and embroidering side by side on the couch, and becoming part of each other’s family traditions. Jonathan started learning Spanish to better connect with Vanessa’s parents and our future family. Vanessa has joined Jonathan’s family Christmas celebrations, made tamales for Thanksgiving, and is now working with her dad to learn his technique well enough to carry those traditions into future family dinners of our own.
What started with a joke at speed dating turned into the easiest, most natural partnership either of us could have imagined.




